El sepelio televisado no es ni una exageración ni una broma. Mas bien es una predicción o un anticipo o una apuesta. Cuanto tiempo pasará hasta que veamos el primer sepelio televisado?
No hablo de la capilla ardiente de un personaje conocido ni del entierro que sucede a un magnicidio. Hablo del primer reality show sobre la muerte y ese arduo proceso que rodea al traspaso con todos esos elementos macabros y rancios. Empresas funerarias, tanatorios, flores y lápidas, lagrimas y apretones de manos entre familiares que sólo se ven de entierro en entierro, la típica tía lejana que no controla el volumen de su carcajada entre tanto dolor, el profundo cansancio de los allegados ante tamaña cantidad de burocracia, pasos legales, esperas y recibimientos. Hablo de un programa de cámara al hombro, de reporteros poniendo el dedo en la llaga, de familiares destrozados diciendo cosas que no deberían, de vender la intimidad más íntima.
Lo peor es que todo esto suena a provocación y a tremendismo cuando es evidente que esta al caer, que no es nada descabellado. La espectacularización de la vida cotidiana a llegado a tal punto de descontrol que no sólo no nos extrañará en demasía cuando nazca tal programa sino que además seremos totalmente adictos a él y a ese nuevo lenguaje, a ese paso más lejos todavía de la banalización de la existencia. Parece que estemos en contra, y no lo estamos, si jugamos a llegar al extremo, a innovar y a experimentar - sea con una finalidad reflexiva o crítica o no- tenemos que estar dispuestos a llegar al final, es la única forma de saber hacia dónde vamos, la única manera de mirar en dos direcciones a la vez.
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